
Al principio fue sólo una taberna,
regentada por el primitivo “Bigote”,
donde los marineros se reunían
para “hacer las partes” de la venta
del pescado que acababan de subastar.
Hoy, esos mismos marineros siguen teniendo
el mostrador de “Bigote” como punto
de reunión, sin inmutarse lo
más mínimo cuando ven
a su lado a un miembro de la familia
real, un presidente de Gobierno o una
celebridad de relumbrón.
Y
es que desde finales de los años
sesenta, Fernando y Paco, los hijos
de “Bigote”, incorporaron a su oferta
el riquísimo e imaginativo
recetario que los propios marineros
habían ideado para hacer más
variada y feliz, en alta mar, su obligada
dieta pescadera.
Con tan sencillo y fundamental principio,
los hermanos “Bigote” han conseguido
el reconocimiento de la comunidad
gastronómica internacional.
Y
es que su gran mérito reside
en que, aún cuando en el "New
York Times" se ha dedicado más
espacio a cantar las excelencias de
su cocina que a toda la transición
española, "Casa Bigote",
hoy por hoy, sigue siendo una taberna
de marineros.
Ese es, en definitiva, el secreto
del éxito.