LA MANZANILLA
Aunque muchos la consideran la hermana menor del
Fino, lo cierto es que la Manzanilla es un vino
con personalidad propia.
El origen de ambos vinos es el mismo: la madre
albariza y el padre palomino: es decir, la blanquecina
tierra que absorbe como una esponja la humedad
de las lluvias para administrarla sabiamente durante
los meses más secos, y la emblemática
variedad de uva blanca, también llamada
Listán, con la que se elabora más
del 90% de los vinos del Marco de Jerez.
Es, sin embargo, el tratamiento que reciben en
su vida en las botas el que hace que cada uno
madure por su cuenta de manera diferente.
De la manzanilla es característico su
proceso de crianza “en flor”, que se da exclusivamente
en las bodegas de Sanlúcar de Barrameda,
fruto de unas conjunciones únicas, y cuyo
resultado es, a su vez, un producto que no tiene
igual.
Tras las dos fermentaciones del mosto en recipientes
metálicos, se clasifica y se separan los
distintos hijos de la vid. Es entonces, en botas
de roble de 600 litros de capacidad (llenos solamente
500, para dejar una cámara de aire), cuando
aparece espontáneamente el “velo de la
flor”, que no es otra cosa que un conjunto de
levaduras que actúan fermentando, consumiendo
el azúcar, protegiendo de la oxidación
y reduciendo el color del vino. Esto es lo que
otorga las singulares características de
la Manzanilla: vino pálido, de color pajizo,
con aroma punzante y sabor amargo y escasamente
ácido.
La Manzanilla de Sanlúcar es digna hija
de la tierra que la vio nacer; es marinera y ligera,
joven pero con notas de sabiduría bajo
su vestido color oro. Es heredera de la tradición
vitivinícola de fenicios, griegos y romanos,
hija del mar y sobrina del viento de Poniente,
que le trae brisa marina para que mantenga el
frescor de su alma.
Ideal para tomar con el aperitivo.
Resulta ideal para acompañar a los mariscos,
matizando su sabor, tal vez por las reminiscencias
atlánticas que lleva impresas en su espíritu
líquido. También es muy apropiada,
por su ligereza, como pareja de pescados blancos,
jamón y quesos suaves, y, en general, es
excelente para tomar con los aperitivos. Para
un consumo óptimo se recomienda servirla
muy fría, entre seis y ocho grados.
Amparada desde 1932 por una Denominación
de Origen que vela por la calidad del producto,
la Manzanilla se llama así por el perfume
que recuerda de la manzana madura, y su sabor
es ligeramente amargo, con aroma seco, punzante
y poco ácido, ligero al paladar. Su graduación
alcohólica oscila entre los 15,5 y los
19 grados. Según la antigüedad de
la crianza los tipos de Manzanilla se clasifican
en: Fina (4 años), Olorosa (5 a 7 años),
Vieja (7 a 8 años), y Pasada (más
de 8 años).
La Manzanilla es un vino único en el mundo,
pero no desconocido, ya que el mercado mundial
tiene una creciente demanda de este rico producto,
que se ha implantado como bebida oficial en las
fiestas de toda Andalucía, y cada vez más,
en el resto de España. Con motivo de su
reconocimiento por la Unión Europea en
1996, el día 26 de junio se celebra en
Sanlúcar el Día de la Manzanilla.
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